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HISTORIA DEL MAQUILLAJE

HISTORIA DEL MAQUILLAJE: La Humanidad y la Coquetería han coexistido siempre juntas

¿Eran coquetas las mujeres que se maquillaban en las antiguas civilizaciones? Lo descubrimos en este artículo sobre sus costumbres y lo que se ha descubierto.

Desde que surgió la Humanidad, en aquellas remotas etapas primitivas, rupestres, tanto el hombre como la mujer a través de la historia han ido cambiando de rol en la sociedad en múltiples ocasiones y formas. Esto se ha visto reflejado no sólo en sus acciones, sino también en sus cuerpos y la manera como lo adornan. Una prueba importante de esto lo representa el uso del maquillaje y los significados y simbología que le han sido atribuidos con el paso del tiempo.

Mediante el maquillaje, la mujer se ha relacionado con su cuerpo, ha formado su
identidad y ha mostrado su lugar, su rol en la sociedad. Las funciones, propósitos del maquillaje han variado en múltiples ocasiones. De la misma manera como ha sido utilizado -y sigue siéndolo hoy día- para resaltar la belleza, inicialmente, y aún en la actualidad, entre distintos pueblos, creencias y culturas, se empleó como parte de rituales religiosos; como reflejo de un estatus social o como una forma muy visible y llamativa de expresión de identidad.

Egipto

En las clases altas del Antiguo Egipto, las mujeres se maquillaban los ojos y la boca con colores llamativos como los tonos ocres y dorados representando su riqueza y poder. Reinas y faraones utilizaron todo tipo de recursos: desde la pulverización de rocas hasta el uso del oro con el fin de adornar su cuerpo. Las sacerdotisas y sacerdotes, guardianes de los templos, magos, hacían uso del maquillaje con fines religiosos y rituales.

Civilización grecorromana

En la antigua Grecia, el elevado pensamiento y la naciente Filosofía incluyó una definición de la estética y la belleza, en la cual la proporción del cuerpo reflejaba la buena salud y condición física del individuo. Las teorías y concepciones de belleza se centraban principalmente en el cuerpo masculino, dejando al sexo femenino el rol de la fecundidad. La belleza femenina era considerada una “purificación formal del cuerpo”.
Sin embargo, esto no era impedimento para que las mujeres realizaran prácticas de belleza. La aplicación de maquillaje se llevaba a cabo sólo en las clases sociales altas, dado que estas mujeres no trabajaban y estaban dedicadas a su hogar, familia y ellas mismas.
Con el fin de perfeccionar su apariencia, las mujeres se tatuaban el cuerpo y utilizaban colores como el azul y el negro para el rostro, específicamente para los ojos. Pintaban sus uñas y labios del mismo color, y el rostro debía permanecer pálido para dar así una envolvente sensación de pasión.
De igual manera, realizaban baños con ungüentos, aceites, bálsamos, y perfumes, dando vital importancia a la higiene corporal. En Grecia fueron primordiales el uso de polvos de yeso para mantener al piel blanca, la utilización de carbonato, con el cual se desarrolló el rimel y diversos elementos naturales que ayudaron a perfeccionar y descubrir nuevas fórmulas para la elaboración de maquillaje. De igual forma, se le asignó a cada color una parte del rostro: blanco para la piel, rojo para los labios y negro para enmarcar cejas.
En cuanto a Roma, la estética era primordial dado que le dedicaban gran parte del tiempo al placer. Por esta razón, la belleza fue obsesión tanto femenina como masculina, generando un mayor avance en la utilización del maquillaje.
Las mujeres utilizaban variados tipos de recursos naturales que exaltaban los rasgos del rostro y cuerpo de acuerdo a la época. Existe un tratado que ofrece recetas para la belleza de los senos, así como para la blancura y el brillo de la tez.
En la misma medida, había una preocupación por el baño y se practicaban masajes con aceites, para lo cual los romanos tenían un personal exclusivamente dedicado a la estética. Esto hacía que se explorara en la utilización de peinados, tintes, y se le brindara más tiempo y dedicación a la apariencia física. Como resultado, las mujeres cambiaban el color de su pelo, exponiéndolo al sol; creaban pestañas postizas con pelo natural o seda; se maquillaban los labios y mejillas de rojo fuerte y los ojos eran enmarcados con khöl -proveniente de Egipto-. La dedicación a la cosmética permitió la exploración de nuevos elementos para la elaboración del maquillaje.

Edad Media

Esta sería una “época oscura”, la era de la Iglesia católica, la cual tenía como premisa principal la adoración a la espiritualidad y el rechazo a los placeres del cuerpo. Por tanto, su visión de la belleza femenina era completamente negativa, dada su connotación de tentación carnal. Como consecuencia de esto, el estilo de vida de las mujeres estaba ligado a su posición social, dado que a las damiselas de clase alta sí se les permitía el uso de la cosmética, pues eran consideradas como figuras representativas de su familia o clan, lo cual generaba una preocupación por su comportamiento y aspecto.

Las mujeres encontraban las pautas de belleza en la corte, donde estaban destinadas a ser un instrumento de exhibición, por lo que siempre debían estar presentables, dado que su comportamiento y apariencia repercutían en las prácticas sociales de sus esposos. Para el proceso de maquillaje, tenían a su disposición sirvientes, quienes además se encargaban de la higiene de sus amos.

El Renacimiento

La exaltación de la belleza femenina fue uno de los principales cambios dados en el Renacimiento. La mujer perdió la caracterización malvada y diabólica del Medioevo convirtiéndose en un misticismo, en el que se exaltaba la divinidad de la mujer, y se glorificaba su belleza. Fue así como el exterior se transformó en un reflejo de lo interior, por tanto se le adjudicó a la belleza todo tipo de valores y virtudes.

El uso de pelucas, perfumes y polvos se daba por imitación a la corte. De la misma forma, se experimentaba con nuevos materiales para crear el maquillaje, lo que trágicamente causó la muerte de algunas mujeres y caballeros, dado que la base era con azufre. Y es que en esta época liberal se volvió costumbre el refinamiento de los hombres, que quedaría expresado en el empleo de maquillaje, dándoles una apariencia afeminada.
Con peinados, ejercicios, depilaciones y vestidos, había una transformación en la mujer, de acuerdo a los parámetros que estaban de moda: una tez blanca, los parpados azules o verdes, los ojos iban delineados con negro y la boca se delineaba con rojos oscuros en forma de corazón. Por su parte, los lunares se convirtieron en algo estético, por lo que se dibujaban o se hacían de terciopelo.

Edad Moderna – Siglo XIX

En esta etapa, la belleza es un atributo físico. Como consecuencia, se buscaba principalmente la higiene del cuerpo. Hasta finales del siglo XIX, la idolatría del bello sexo se desarrolla en un marco social estrecho y los homenajes artísticos a la mujer, así como las prácticas estéticas apenas traspasan los límites del público rico y cultivado. Esto generó una diferenciación muy marcada por parte del género femenino. Por tanto, el maquillaje se dio en función del estatus social. Se buscaba la palidez del rostro, dejando ver la baja exposición al sol y por lo tanto la ausencia del trabajo; se resaltaban ojos y cejas levemente. La idea era guardar la esencia del cuerpo, mantenerlo en su estado original, connotando la buena salud y el poco esfuerzo físico, gracias a una vida tranquila. Es por esto que fábricas de cremas y fragancias surgieron
en esta época. Se dio mayor importancia a la limpieza y la salud corporal.

Siglo XX

Producto del avance tecnológico y los cambios sociales dados por las guerras, se generó un nuevo orden social, en el cual el maquillaje se destacó y se desarrolló con fuerza, siendo asequible a todas las mujeres.
Dentro de los diez primeros años del siglo, el arreglo personal estuvo ligado a la conservación del marido, y por lo tanto, de la familia. Así, las mujeres se maquillaban para atraer a los hombres. Se marcaba una tendencia sencilla, en la cual la cara debía estar pálida. Se utilizaban los polvos de arroz, que
daban una mayor naturalidad a la blancura del rostro. A finales de esta época, las marcas empezaban a surgir, construyendo poco a poco el mercado de la cosmética.

Marcas como Elizabeth Arden, Max Factor, Helena Rubinstein, L’Oreal, entre otras, empezaron con una pequeña fábrica, tienda o peluquería y fueron desarrollando productos específicos.

En un mundo que ha sido gobernado por hombres, las mujeres en toda la historia de la humanidad han sido sometidas a los estereotipos de belleza creados por la sociedad. La aceptación social de sus cuerpos se ha visto ligada a estos estereotipos, repercutiendo en su personalidad y la formación de su identidad. Sujetas a los cambios y variedad de estereotipos de belleza, las mujeres utilizan el maquillaje como herramienta de expresión, a veces de oposición, desafío y rebeldía, exaltando lo que consideran bello en sí mismas. El maquillaje se convierte entonces en una herramienta que permite diversificar la personalidad de las mujeres, ajustándose a los parámetros sociales del momento. Así mismo, gracias a los avances tecnológicos, la cosmética apoya y promueve una variedad de formas en que las mujeres se pueden mostrar ante el mundo…

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